Ileana Gólcher y la defensa de los derechos de la Mujer:
El primer acercamiento con el tema de la marginalidad y desigualdad de las mujeres ocurrió en mi adolescencia cuando estudiaba en Honduras y El Salvador y observé la explotación y trato inhumano al que eran sometidas las empleadas domésticas y las mujeres campesinas e indígenas. Aquellas imágenes se grabaron para siempre en mi memoria. Me hice la promesa de luchar porque lograran mejores formas de vida.
En 1974 ingresé a la Universidad de Panamá y me decidí por la carrera de Trabajo Social, convencida de que mi vocación era contribuir a promover el cambio social y la organización de los colectivos humanos. Fue durante esos años de estudio que recibí invitación para formar parte de la Unión nacional de Mujeres Panameñas (UNAMUP), agrupación femenina en la que ocupé el cargo de Secretaria de Asuntos Infantiles. Era la época efervescente de los asentamientos campesinos y la organización del campo, de las organizaciones femeninas, de los centros de orientación infantil y de las luchas nacionalistas por la soberanía total.
Posteriormente en 1989, mi vida dio un giro interesante y me trasladé a México, país en el que obtuve el título de Maestría en Tecnología y Comunicación Educativa en el Instituto Latinoamericano de Comunicación Educativa ILCE. Permanecí en México por espacio de cuatro intensos años en los que me preparé con entusiasmo para incursionar en el mundo de la cátedra universitaria y de la comunicación social.
Mi primer hijo Carlos Eduardo nació en esa época y me colocó al frente de nuevas responsabilidades: la maternidad, que se amplió en 1983 con la llegada de mi segundo hijo Luis Enrique.
En 1985 ingresé como docente a la Facultad de Comunicación Social en la Universidad de Panamá y comencé a interesarme por el periodismo escrito. En 1988 fui beneficiada con una beca de especialización en televisión educativa en la NHK de Tokio, Japón y trabajé como jefa de producción educativa y posteriormente ocupé la sub dirección de Canal Once.
En 1990 comencé a trabajar en el diario La Prensa como colaboradora independiente, bajo la dirección del periodista Herasto Reyes. Esta magnífica oportunidad me permitió acercarme aún más al tema latente en mi memoria: las limitaciones, problemas y logros de la mujer panameña. Siempre conté con el respaldo de los compañeros de la redacción, quienes estimaron que el tema de género era decisivo en la agenda informativa de la opinión pública panameña., porque consideramos que "sin las mujeres la democracia es incompleta". Y fue así que por espacio de trece años publiqué decenas de reportajes, entrevistas, denuncias y defensas de los derechos de las mujeres. Mi pluma periodística movilizó voluntades por apoyar la defensa de la equidad e igualdad de oportunidades. Decidí publicar una recopilación de artículos de género en la obra Mujeres que se atreven en busca de la equidad.
Mi labor fue reconocida a través de cinco premios nacionales de prensa y de forma adicional obtuve múltiples distinciones profesionales.
La vida me cambió dramáticamente en 1992, cuando me diagnosticaron un cáncer cérvico uterino metastático. Y esa enfermedad me permitió descubrir las posibilidades del examen del papanicolau. No hacerlo con el instrumental médico adecuado resulta mortal. Y decidí entonces dedicarme a esta causa de género y salud sexual y reproductiva, desconocida por las propias mujeres. Publiqué mi libro Testimonio de una victoria: la derrota de un cáncer metastático (tres ediciones) como una promesa hecha a Dios por una nueva oportunidad de vida. En la publicación le brindo especial explicación al tema del examen ginecológico, que es materia de orientación permanente. En la actualidad hago labor de voluntariado para las causas de oncología.
En 1995 ingresé como Consultora en la UNESCO y laboré intensamente en tareas de capacitación, edición, educación en derechos humanos. Fui coordinadora nacional del programa Educación en derechos humanos y Democracia, auspiciada por la agencia DANIDA de cooperación de Dinamarca.
A partir de ese escenario apoyé las causas de género y publicamos varios libros entre los que se destacan Mujeres panameñas frente al siglo XXI, El respeto a la diversidad también es la paz de la Premio Nóbel Rigoberto Menchú, entre otros tantos.
Decenas de conferencias, talleres de sensibilización y materiales educativos y proyectos para el respeto y promoción de los derechos de las mujeres continuaron profundizándose en mi labor profesional.
Posteriormente el programa de Igualdad de Oportunidades en Panamá y la Oficina de Asuntos de la Mujer del Ministerio de Educación me brindaron la oportunidad y en el año 2001 realicé la consultoría del Modelo Metodológico de Investigación Acción para desarrollar la escuela coeducativa en el nivel de educación básica general. Posteriormente elaboré el Maletín didáctico Yo enseño y aprendo sin estereotipos sexistas que puede ser consultado en la web en el siguiente URL:
En el año 2002 fui contratada por el Ministerio de la Juventud, la Niñez, la mujer y la familia, para editar el III Informe Nacional Clara González: Situación de la Mujer en Panamá e investigué la situación de las mujeres periodistas en los medios de comunicación social.
En compañía de las abogadas Mariblanca Staff, Haydeé Méndez de Espino efectuamos una intensa investigación bibliográfica sobre los derechos de la mujer, poemas, reflexiones y breves biografías de mujeres en Panamá y en el mundo, proyecto que se logró materializar en la obra Agenda Mujeres 2007 un notable auge editorial que entusiasmó a miles de mujeres panameñas.
Formar parte del colectivo Cien Mujeres por la Vida y Dignidad Nacional es motivo de orgullo y a la vez un compromiso por seguir profundizando en la lucha para que muy pronto todos los días sean considerados como 8 de marzo.